En Colombia, las instituciones educativas han venido adoptando un enfoque integral y equitativo que lo denominamos Educación Inclusiva y nos apoyamos para ello en el PIAR – Plan individual de ajustes razonables.
La educación busca elevar de manera permanente sus estándares de calidad. Uno de estos estándares consiste en reconocer y atender las particularidades de los estudiantes que requieren apoyos adicionales, ya sea por necesidades o condiciones psicológicas, sociales, ambientales o físicas que dificultan su proceso formativo, o por la presencia de altas capacidades que demandan una potenciación específica.
En Colombia, venimos hablando de Educación inclusiva como una práctica sistemática y transformadora que permite garantizar el derecho a la educación.
Por tanto, al decir que es sistemática y equitativa, hablamos de que es un proceso permanente que va más allá de la gestión de las clases, que no pretende en ningún caso generar barreras a l@s estudiantes, que busca habilitar aprendizajes para que les permita adaptarse y transformar su vida, y que no está dirigido a un grupo de necesidades particulares.
Otra de las características de la educación inclusiva es que es Inter seccional, es decir que reconoce que cada persona tiene una forma de comprensión y aprehensión distinta sobre su entorno, ya que su historia es única e irrepetible. Configurando así, una forma particular de pensar, reconocer y actuar sobre los aspectos de su vida, su entorno y su futuro.
Y es justamente la interseccionalidad, la condición que da apertura al principio de sistema, donde hay un entrelazamiento de causalidades interdependientes, que requieren reconocerse así y no de manera atomizada.
Entonces, cuando el colegio como cabeza del proceso formal educativo, estructura un plan de atención, inicia con una valoración pedagógica que permite identificar capacidades, condiciones, expectativas, ritmos y estilos de aprendizajes entre otras variables de cada uno de los estudiantes que requieren ajustes razonables y apoyos para garantizar el proceso educativo, más allá de la mera enseñanza.
De tal manera, que la valoración pedagógica, no es simplemente la transcripción o identificación de un diagnóstico psicológico, médico o neurológico, tampoco se basta de los resultados de pruebas, listados o evaluaciones, y en ningún caso un señalador de faltas, pendientes, juicios de valor o conceptos que se orienten a excluir o vulnerar a las personas.
Lo que si es la valoración pedagógica es la inclusión de apoyos y ajustes razonables. Sin embargo, la definición e implementación del apoyo y el ajuste genera dificultades en muchos docentes e instituciones.
Entonces, gran parte del trabajo interdisciplinario es garantizar que en la confluencia de saberes se logre una comprensión y adaptación de la dinámica de enseñanza y aprendizaje, con un gran anclaje de la estructura pedagógica y didáctica.
En este punto, habiendo hecho una reflexión contextual del porqué la necesidad de realizar estos ajustes y apoyos, veamos cómo se llevarlos a la ejecución diaria de clase. Los apoyos requieren:
- Tiempos: Reconocer que cada estudiante tiene unos tiempos distintos. Eso significa que no todos los estudiantes aprenden al mismo tiempo, que cada persona tiene unos ritmos tanto en horarios, disponibilidad atencional y velocidad de aprendizaje.
- Materiales: No necesariamente los apoyos que se usan para unos estudiantes, funcionan para todos. Por diversas razones algunos son más sensoriales que otros, tienen canales de interacción y atención diferentes.
- Didáctica: Significa que las estrategias de enseñanza – aprendizaje deben ser pensadas de maneras diversas atendiendo a los estilos, la intención educativa y las características propias del contexto y los temas.
- Evaluación: Significa que se reconoce que la comparación es el peor error de los modelos evaluativos. Lo que pretende la evaluación es identifica qué contenidos apropia el estudiante, que conocimientos adquiere y con cuál profundidad. Sin embargo, este es uno de los factores donde más se evidencia la dificultad, ya que muchos colegios siguen generando análisis basados en promedios, poniéndole un puesto al estudiante frente a los demás compañeros; y lo más difícil es que desdibujan la realidad de sus fortalezas, sus aprendizajes y sus retos.
- Metas de aprendizaje: Significa que no todos llegarán al mismo lugar, no lo harán de la misma manera y el objetivo de cada proceso educativo es diferente. Esto reconoce las individualidades y facilita la motivación de los estudiantes y sus familias.
- Actividades de apoyo: Se refiere a acciones encaminadas a reforzar aprendizajes, garantizar la significancia del proceso educativo y que están pensadas en las particularidades de cada estudiante.
Todo esto requiere de la comunidad educativa y de la incorporación de procesos que incluso se dan fuera del aula y del colegio.
Es decir, integra los saberes de las familias, profesionales, acciones previas, observaciones de docentes antiguos y actuales y del acompañamiento de las directivas para garantizar que los procesos sean pertinentes.
En otro artículo escrito hace un tiempo hablamos de la relación del fracaso escolar con la falta de este tipo de implementaciones en los colegios. https://www.sistemasaberes.com/fracaso-escolar-realmente-quien-fracasa/

